EDITORIAL

EDITORIAL: UN PRESENTE PELIGROSO

Este comienzo del 2026 no deja de sorprender por la extension de la violencia, la escalada de amenazas y lo que parece ser el fin de la diplomacia. En los múltiples conflictos internacionales, el puro ejercicio de la fuerza ha pasado a ser la regla; se trate de Latinoamérica, Europa del Este o Medio Oriente. Los organismos internacionales, que con todas sus falencias favorecían el diálogo y aportaban iniciativas de paz para resolver los conflictos, hoy brillan por su ausencia. No sólo eso: en esta modalidad híbrida y altamente tecnológica que han adoptado las guerras actuales, se acude al secuestro o al asesinato de dirigentes del otro bando, sin medir consecuencias. Como es sabido, en épocas anteriores al menos se disimulaban los apetitos imperiales bajo la pátina de tratarse de causas justas; hoy simplemente se enuncia desde el poder, que lo que le apetece le pertenece. Podría decirse que aquellas declaraciones eran hipócritas, y que éstas son sinceras. Pero recordemos que, como decía el dicho, la hipocresía es el tributo del Mal hacia el Bien para justificar un fin oscuro. Esto se acerca a la mentalidad fascista de hace casi un siglo, en la cual se invadía y se llegaba al genocidio por cuestiones de superioridad de raza, etnia, o destino manifiesto. Hoy cobra relevancia una muy antigua: la religiosa, sin espacio para acuerdos.
Los demócratas republicanos, además de pronunciarnos en defender y sostener la democracia como la forma más justa de gobierno, debemos promover y defender la existencia de organismos internacionales que promuevan el diálogo entre las Naciones, y la búsqueda permanente de soluciones pacíficas a los conflictos. Nuestro país, Argentina, supo tradicionalmente defender el principio de no intervención en los asuntos internos de otros países, más allá de la condena a las tiranías o los excesos represivos contra minorías o grupos. Militar por la Paz no implica ignorar atrocidades, ni tampoco contemplarlas pasivamente como un asunto ajeno. Se puede ayudar de múltiples maneras a los oprimidos; desde darles acogida si huyen, a la condena en foros internacionales, las sanciones económicas o ayudarlos a rebelarse en caso de tiranía permanente y prolongada. Pero la peor es la intervención militar directa y unilateral, sin consenso de la Comunidad Global. Militar por la Paz, sí implica defender valores de respeto básico a quien piensa distinto. Hoy, el insulto y la agresión al "otro distinto" parece ser parte de una modalidad política de la guerra híbrida, en la cual se exhibe en medios y redes a la crueldad y la demostración de fuerza como hazañas dignas de aplaudirse. Y lo peor es que mucha gente, en el país y en el mundo, sí lo hace; como sucedía durante los fascismos. Esperemos que todo este caos en regiones calientes del planeta no desborde, pues en un Mundo Global, todo afecta a todo.

En lo local, no se puede pasar por alto que mañana 24 de marzo, se cumplen 50 años del golpe cívico-militar de 1974. Muchas organizaciones: de DD.HH., gremios, partidos, ONG's, y ciudadanos independientes saldrán a las calles en conmemoración y repudio de aquel golpe que fue nefasto en varios sentidos; en vidas humanas, en lo social y económico, en lo político y en lo cultural. Es cierto que había serios problemas de insurgencia terrorista armada, pero como se dijera en el libro "Nunca Más"; si había que reprimir debiera haberse hecho con la justicia en la mano, tribunales y penas todo lo duras que fuera requerido. Los juicios por Verdad, Memoria y Justicia que siguieron a la caída de esa tiranía, marcaron un antes y un después que hizo Historia, acá y en el mundo. Por ello, el CRE adhiere a esas manifestaciones y mantiene la memoria.

Editorial del 23/03/2026